MURMULLOS: Ondas (I)

1

Reveló su sentido y, luego,

se posó en el estanque.

Leves murmullos.

2

¡Ese eterno buscar el sentido

del cielo,

y de todo lo vivo

sobre la tierra…!

3

Amanecer de estío.

De la vida me llegan,

suaves, las ondas.

 

4

¡Oh, anciano bosque,

qué bien guardas

tu secreto!

5

Abre las alas,

pía…,

¡y se aleja!

6

¡Sencilla,

honesta palabra!,

¿dónde está tu reino?

7

¡Estira su cuello la montaña,

hasta besar

el cielo!

8

En el corazón

del bosque ¡Silencio!,

grita la cascada.

NUEVAS PULSACIONES: Qué es la nada

1

¿Qué es la nada,

sino ausencia

de todo?

 

2

Retumba el trueno

pronunciando el nombre

de lo eterno.

Sobre el cielo

se abaten las sombras.

La luz

se ha marchitado.

 

3

A la sombra,

sentado, el viejo

vigila el mundo.

 

4

En la nada se pierden

todos los gritos.

 

5

Para el hombre,

todo significa algo…

¡Y es bueno que así sea!

 

6

¡Ah, en el cielo,

el eterno brillar

de las estrellas!

 

7

Ruidoso es el ser.

El tiempo, callado,

jamás se hace viejo.

 

8

Del inicio de todo,

nada sabemos.

Ante tanta ignorancia,

¿qué sentido tiene pronunciarse?

NUEVAS PULSACIONES: Toda la poesía

1

Toda la poesía

de la tierra,

en un solo crepúsculo.

 

2

Quiere el hombre poner orden,

y, en el trueno,

grita su rabia el caos.

 

3

El mundo

se va haciendo viejo…,

¡y sus luces se vuelven

de oro!

 

4

¡Ah, ordenar las palabras

de manera que revelen

su pleno sentido…!

 

5

Al croar

de las ranas,

se afirma el mundo.

 

6

¡Viejo camino;

cielo nuevo!

 

7

Abre sus alas el antiguo sentido;

vuela, y, luego, se posa…,

¡pero no expresa su significado!

 

8

¡Mirad la vieja rana:

cómo salta y salta,

sin hacer ruido!

AZAHARES: Entre el mar y la estrella

1

Entre el mar y la estrella,

¡tan oscuro!, el vacío.

 

2

¡Tarde de estío…!

Tendida entre los pinos,

arde mi alma.

 

3

Tras el largo crepúsculo,

breve, la aurora.

 

4

¡Pobre mañana!

La imagino en la tarde,

cabeza abajo.

5

Es el viento,

incansable, la voz

del universo.

 

6

Me asomo al mundo,

y veo volar las hojas.

 

7

¡Díctame tú los versos,

oh, esquiva luna,

mientras que yo suspiro!

 

8

En la noche de primavera,

la luna y yo,

cogidos de la mano.

 

AZAHARES: Deshojada la rama

1

Deshojada, la rama

ya se quedó

sin lágrimas.

2

Al piar

de los pájaros,

ríen las hojas.

 

3

Ata la noche sus cabellos

con la rosada cinta

del alba.

 

4

Flor de azahar:

¡cómo hieren tus entrañas

los dardos fríos de la lluvia!

5

Con la aurora,

palidece la luna

de primavera.

 

6

Cada noche,

un pedazo de cielo

entra en mi alma.

 

7

¡Mirando,

siempre buscando

el infinito!

8

¡Sangra el sol, estrujado

contra el agudo vértice

de la montaña!

ESTRELLAS: Para acoger las aguas otoñales

1

Para acoger las aguas otoñales,

abrieron sus copas, jubilosos,

los árboles del río.

Embriagados, se mecen,

¡parece que hubieran

bebido vino!

 

2

Noche de tormenta;

los fantasmas arrastran

sus pesadas cadenas.

3

Ante la fuerza de la lluvia,

el mundo se ha parado.

 

4

Llueve;

la vida suena

a nocturno.

 

5

¡Yo quería luchar

contra el mundo

mañana, mañana…!

Pero el mañana

me aguardó en la esquina.

 

6

Sólo quien hunde

sus raíces consigue

rozar el cielo.

 

7

¡Mira al poeta,

cómo riega las flores

con sus lágrimas!

 

8

Siempre que me reencuentro

con la vida,

hago el amor con ella.

ESTRELLAS: Deseos

1

¡Deseos, deseos…!

Mirad al Buda, ahí, sentado,

¡qué bien sabe escuchar!

 

2

¡Cuándo estaremos

de acuerdo yo

y mi destino!

 

3

Abajo, el suave perfume

del jazmín;

arriba, indeciso, el titilar

de las estrellas.

 

4

¡Madura el amor,

y sangra,

y sangra…!

 

5

No hay meta ninguna

en el eterno círculo.

 

6

Naturaleza, y tú,

¿qué me quieres decir?

 

7

Quiero que me tengas

en lo poco que valgo.

¡No esperes nada

grande de mí!

Me aparto de la multitud

para no dejarme confundir

por ella… ¡Ése es mi arte!

¿Hago mal intentando

construir mi propio sendero?

 

8

Tú, que puedes más que nadie,

¡callas, callas…! 

Me entregas tus dones

como por descuido…

Y yo, aquí,

¡anhelando tus caricias…!