NUEVAS FLORES


Mirar el pecho de los niños floreciendo,
sus mejillas en flor, el nocturno en sus vientres;
palpar el ácido de la muerte
mansamente encendido,
ardiendo en luces vivas.
Oler los pétalos de la novia,
el amor de la madre abrasando
los labios de sus hijos.
Besar a los hermanos,
sostener el bastón de los mayores,
sacar del pozo el aceite
que la turba arrojó con manos ciegas, volcar
sobre nuestros pies la sangre almacenada
en la caverna y, tras la hirviente espesura,
alimentar a los nuevos retoños
con el fuego de la primavera.

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