SIGUIENDO SUS PASOS


Cauteloso, rodeo el empinado sendero
que me lleva hasta la boca del infierno.
A veces, mis planetas le hacen una mueca
orbitando el universo de su clara sonrisa.
Camino, con los ojos abiertos,
sobre una pendiente que no olvida
el ritmo de unos sagrados astros ni ignora
el divino danzar de aquella incisiva lengua.
Cuando imagino sus ojos…
¡se me escapan!
Cubierto con broncínea armadura,
sorteando afiladas rocas,
un amoroso cantar enciende mi fuego,
y yo, cubierto de ceniza,
acompañado por alados demonios,
en vano intento seguir sus atrevidos pasos.

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