PESA MI ALMA

Pesa mi alma más que todo el tiempo.

Afirman los sabios,

que de unos gramos de sustancia suprema

encadenada a los huesos

nace una filosofía trémula,

un desierto de amor

que se transmuta en energía.

Mi espíritu

es como el humo

que atraviesa unos pliegues;

mi cuerpo, un viejo cenicero

olvidado en un rincón.

Todo en el mismo universo,

bajo insólitas formas de vida.

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SALIENDO DE LA LUZ

Saliendo de la luz,

desde lo más hondo del cielo,

una súbita exhalación,

por un instante,

me hizo volver a vivir aquel amor

que me llenó de intenso entusiasmo, de sanadora alegría.

Recuperé una vieja pasión

olvidada por completo,

me abracé al abismo…

Después, el sol y el silencio,

en el espacio de una lenta resurrección,

me permitieron de nuevo respirar

una serena

y anhelada forma de vida.

MUNDO

¡Mundo, mundos…!

La pesada luz de mis miedos,           

la terrible partida hacia ninguna geometría,

unas alas en busca de experiencias más limpias, más intensas,

anhelando el encuentro con lo más alto, con lo más lejano,

entre la piel de una muerte pura,

bajo una carga que nunca se agota…

Hoy brindo por el universo, por la tierra, por la vida,

con húmedas cadencias que rompen el silencio.

Viajando por el tiempo,

libre en la infinitud del océano,

gélidos vientos, rozándome los dientes,

se expanden por mi alma

hasta besar la sangre del poeta.

Acurrucado en mis versos,

contemplo el sueño del corazón humano,

el borroso destello de su honda miseria.

Junto a la inocencia demorada en raíces,

con el corazón suspirando nuevas brisas,

en paz mis pensamientos se alejan sin saber.

DE QUÉ IMPOSIBLES

¿De qué imposibles naceré

si en las cenizas me he perdido?

¿Cómo podré atreverme

a partir mis cadenas

si esta celda fue siempre

mi única esperanza?

¿Encontraré alguna vez el martillo,

¡oh, prodigioso martillo!,

con que esculpir mis bronces?

Debajo de mis cielos,

se viste el horizonte

de un infinito azul…

¡Voy a por ti, destino,

ahora que me iluminan

tus distantes luceros!

INVIERNO

Sobre mí el invierno

derrama sus lágrimas

trayéndome el descanso,

calmando mi dolor.

Con suaves ensueños

enciende mi sonrisa.

Sus profundas aguas

dan cauce a mi alegría.

Por mi alma, tan triste,

se despliegan sus alas.

Con ingrávidas plumas

sobrevuela mi hoguera.

En sus nevadas cumbres,

acariciadas por salvajes

brisas, se apaga mi sed

viendo saltar las chispas

de una lejana llama.

VIDA

La vida de una vida,

la vida de un camino,

la vida de unos hombres,

la vida de unas manos

que siembran los senderos,

que pueblan las veredas

de recuerdos que serán segados,

ofrendados,

al inútil empeño del regreso.

Ya me olvidé del mar,

me olvidé de la muerte,

y sigo cosechando breves renacimientos,

aguardando el estallido de mis flores.