DOS POEMAS

Con transmundano amor,

la paloma del mundo

sus alas de cristal

posó en mi alma.

La luz de la vida

carbonizó el poema

que escribí en la ventana.

Ligero, intenso,

tenía la honda pulcritud

de un secreto despojo.

***

Gritaba el viejo gong

sus sombríos ecos.

¡Indefenso, en mi lecho,

sus lentas vibraciones

me atravesaron como espadas!

Desde la más oscura sima,

mis ojos anhelaban

brillos de nueva aurora.

PASAN LAS HORAS

Pasan las horas,

una vez,

otra vez.

Una tras otra,

una vez,

otra vez,

otra vez…

Tan sonoras,

tan perfectas…, ¡pero

nunca serán

mi poema favorito!

***

De una pared a otra de la casa,

en el silencio informe del piano,

me oigo a mí mismo.

El aire oscuro de las habitaciones

vibra en la almendra, sin fruto,

de mis hueras palabras.

¡Ansias de mar,

un grito…!

Me siento y leo.

***

Recito sin oírme,

se cierran mis ojos

a todo lo que veo.

Me arrodillo en la tierra

y, al rozarla con mis manos,

siento su rugosa superficie.

Suena el tañido

de una aguda campana…

¿O fue un breve haiku?

QUÉ PUEDEN

¿Qué pueden,

la tristeza y el dolor,

contra todos ellos?

Unas copas de vino

resucitan mi corazón

y me alejan del desconsuelo.

Pasan los gansos salvajes,

bajo un templado sol, huyendo

de los truenos que se acercan.

***

Solo,

a través de mi ventana,

respiro la tierra.

Viejos leños de antaño,

¿dónde vuestro calor?

Entre los árboles, fina lluvia

acompaña la terca y sagrada soledad

que da vida a mis sueños.

***

Vuelan las palabras,

centelleando,

cual fugaces luciérnagas.

¡Tantas cosas, tantas,

duermen en el templo

aguardando el anochecer!

La campana,

gota a gota,

derrama su tristeza.

EN EL SILENCIO

En el silencio

de la noche de estío

se acrisola la luz de las estrellas.

Le he cerrado la puerta

a aquel invierno en que se helaban

las ramas de mis sauces.

Casi polvo, casi arena,

la nube del recuerdo

impacienta mis sueños.

***

Huyen los días arrastrados

por la fiera ventisca.

¿A dónde van las nieves

tras el súbito deshielo?

La primavera es hermosa;

sus frías aguas,

sacian mi corazón.

***

Soledad

y tristeza,

tonos ocres.

Vaho en los cristales.

Señales en el té.

Viento frío.

Con los colores de la tarde,

sensuales, se tiñen

las trenzas de mis horas.

EN SOLEDAD

Ni un solo caminante,

por el viejo sendero,

se enfrenta al viento del oeste.

Tiemblo ante un desconocido

y prodigioso puente que

no parece tener destino.

En la noche,

todos los demonios

suben al mismo árbol.

***

Sol que nace al oriente.

Fascinación y magia.

Vida.

Yo también deseo

renacer limpio,

sin heridas.

Sólo al borde del mundo

nacen los pensamientos

más puros.

***

En mis sueños,

el mismo cielo azul

sobre el volcán que duerme.

Brilla el sol

sobre la solitaria aldea de la montaña.

No voy más allá de ese punto.

Por el camino

que atraviesa los montes,

la calma interrumpida

por el vuelo de unos pájaros.

Con nadie hablo.

Me contesta el viento.

Y yo…

UNA LÁGRIMA SOY

Una lágrima soy;

al roce de la vida,

leve, me desvanezco.

Siento el fresco

rocío, sueño

de un sueño.

Hasta ayer no sabía

qué sería de mi vida, el viento

borró las sendas.

***

El mundo es rocío.

Sobre las flores vuelan

pájaros solitarios.

Hace ya tiempo

que, en mi corazón,

nada crece. Pero…

¡mi corazón no es el mundo!

El mundo es ése

que se alza frente a mí.

***

Se acercan a mi orilla

minúsculas gotas,

atrevidas, desnudas.

Por estrechos senderos,

fugitivos arroyos

van tejiendo sus redes.

En escondida fuente,

ángeles sin cielo

hunden sus rodillas.

RECLINADA EN MI BRAZO

Reclinada en mi brazo,

pasaste la noche

de primavera.

Volverá a amanecer,

y escucharemos de nuevo el griterío

de la gente.

¡Cómo aborrezco el día que nace!

Al refugiarme en ti,

mis sueños palidecen.

***

Bajo el árbol que se alza,

me miro en el espejo

de benéficas flores.

En el crepúsculo,

toco mi flauta de bambú

sin prisa alguna.

Se apaga

la luz de los montes,

la luz poniente permanece.

***

Abro el dosel

de muselina

y te acaricio con mi barba.

En la noche,

tu fina piel de ébano

exhala un delicioso perfume.

Te susurro

y, suavemente, me envuelve

la púrpura de tus sábanas.

PATO DE JADE

«La vida es más agradable

sin budas», me dijo

el pato de jade.

«No hay para mí dioses,

tan sólo los designios

del viento de otoño.»

 «Huelo el perfume

de la flor de loto

y sonrío, como un tonto.»

***

Almizclado aroma

de mis pensamientos

cuando los grabo en el papel.

Con gesto profundo,

suavemente enojados,

de perfil se muestran.

A veces, me turban.

Llenos de noble humor, parecen

gansos salvajes.

***

El secreto de su corazón

se volvió nube

en la alborada.

En la mañana

temblaron sus ramas,

se abrieron sus flores.

Yaciendo los ciruelos

entre sombras lunares,

su luz se hizo perfume.

POSTLUDIO

Se iluminó mi vida

en el amor.

El llanto

de mi alma

se hizo fuego.

¡Sentí tanto calor

antes de que acabara…!

***

Mi corazón

se enardecía al ver pasar

un fugitivo cometa.

¿Retornará su estela

al cabo de los años?

Los encuentros humanos

suelen ser repentinos…,

¡quizás nunca retorne

aquella estrella!

***

Mis verdaderos amigos

son el mar bravío,

el fugitivo relámpago.

La hermosura está

en el cuerno del caracol

y en el llanto de la primavera.

La Vía Láctea se encendió

mucho antes de que yo naciera…

¡y se pierde en el infinito!

ME ADENTRÉ EN OSCUROS BOSQUES

Me adentré en oscuros bosques

para aquietar mis deseos,

diabólicas imágenes incendiaban mis ojos.

Emprendiendo un viaje por remoto lugar,

quise apagar mi fuego

y, entonces, sonreíste.

Ardía tu silencio

cuando te alejaste de mí…

Las palabras no fueron necesarias.

***

No te olvido. Tú, rotunda;

yo alrededor del sitio donde estabas,

inmóvil, maravillado.

Como naranjo sin flor suspiraba;

entonces, me encandiló la luz

de tus ojos con inmisericordes rayos.

Entre el polvo de las multitudes,

sagrado, benigno, el centro

de tu flor se volvió incandescente.

***

Muéstrame

esa sonrisa

que ha de encender mi lámpara.

Derrama

ese perfume

que enciende mis ciruelos.

Dibuja en mi ventana,

con tu ardiente pincel,

las últimas estrellas.