PATO DE JADE

“La vida es más agradable

sin budas”, me dijo

el pato de jade.

“No hay para mí dioses,

tan sólo los designios

del viento de otoño.”

 “Huelo el perfume

de la flor de loto

y sonrío, como un tonto.”

***

Almizclado aroma

de mis pensamientos

cuando los grabo en el papel.

Con gesto profundo,

suavemente enojados,

de perfil se muestran.

A veces, me turban.

Llenos de noble humor, parecen

gansos salvajes.

***

El secreto de su corazón

se volvió nube

en la alborada.

En la mañana

temblaron sus ramas,

se abrieron sus flores.

Yaciendo los ciruelos

entre sombras lunares,

su luz se hizo perfume.

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POSTLUDIO

Se iluminó mi vida

en el amor.

El llanto

de mi alma

se hizo fuego.

¡Sentí tanto calor

antes de que acabara…!

***

Mi corazón

se enardecía al ver pasar

un fugitivo cometa.

¿Retornará su estela

al cabo de los años?

Los encuentros humanos

suelen ser repentinos…,

¡quizás nunca retorne

aquella estrella!

***

Mis verdaderos amigos

son el mar bravío,

el fugitivo relámpago.

La hermosura está

en el cuerno del caracol

y en el llanto de la primavera.

La Vía Láctea se encendió

mucho antes de que yo naciera…

¡y se pierde en el infinito!

ME ADENTRÉ EN OSCUROS BOSQUES

Me adentré en oscuros bosques

para aquietar mis deseos,

diabólicas imágenes incendiaban mis ojos.

Emprendiendo un viaje por remoto lugar,

quise apagar mi fuego

y, entonces, sonreíste.

Ardía tu silencio

cuando te alejaste de mí…

Las palabras no fueron necesarias.

***

No te olvido. Tú, rotunda;

yo alrededor del sitio donde estabas,

inmóvil, maravillado.

Como naranjo sin flor suspiraba;

entonces, me encandiló la luz

de tus ojos con inmisericordes rayos.

Entre el polvo de las multitudes,

sagrado, benigno, el centro

de tu flor se volvió incandescente.

***

Muéstrame

esa sonrisa

que ha de encender mi lámpara.

Derrama

ese perfume

que enciende mis ciruelos.

Dibuja en mi ventana,

con tu ardiente pincel,

las últimas estrellas.

CUAL GOTA DE ROCÍO

Cual gota de rocío,

una estrella luciente

pende sobre mi casa.

Me responde la hoja

de una espada abriendo, sin clemencia,

mis ajados principios.

Creo ser una palabra…

¡pero no sé si estoy

en lo cierto!

***

Durante años estuve hechizado,

la luz de una brillante linterna

iluminaba el campo de batalla.

En lo alto de un puente que atraviesa

eternales orillas, alcé mi escudo

sosteniendo en la diestra una mágica espada.

Mi barca se hundía en un profundo mar

cuyas olas sonaban con trémolos de arpa

y hacia los cielos alzaban una corona de espuma.

***

Por la ventana,

vi mi cielo

y mis errores.

Mis palabras  se perdían.

Repentinamente,

¡miré hacia afuera!

Desde los florecidos cerezos,

me llegaba un aroma

muy especial.

RECUERDOS

Gráciles nubes

sobre el estanque

de lotos.

Aquella aguas fueron

fuente de asombro

en mis primeros años.

Me extasiaba contemplando

al somorgujo,

cabeza abajo y pataleando.

***

¿A qué luz hube de asirme,

desesperado estudiante, para apartarme

de la idea corriente del mundo?

Tras infantil laboratorio,

abrí mi juvenil abdomen

a una incipiente soledad.

En mi vejez, rota la vieja red,

lo paso todo por alto; tan sólo escucho

el murmullo de las olas.

***

Parecía muerto,

oía las voces

de extraños visitantes.

Transcurrían mis días

bajo cielos de plomo.

Furiosas corrientes

me arrastraban fuera

de este mundo.

EL CAMINANTE

Marchando de un extremo

a otro de la tierra, parece mi cabeza

una bola de nieve.

Entre doradas hojas,

al final del invierno, conquisté mi saber

a mil cordilleras de distancia.

Como la arena, llevada por el viento,

me gustaría ponerle

punto y final a mi viaje.

***

Crucé altas montañas;

más me hubiera valido

quedarme entre los hielos.

¿De qué me ha servido

bañarme en las templadas aguas

del saber erudito?

Los seres sensibles

suspenden los exámenes y se quedan

en casa, cultivando narcisos.

***

Cuando tú me miras,

mi anhelado Buda,

me señalas el Norte.

 Se iluminan las niñas

de tus ojos

para aclarar mis dudas.

Extiendes tu manto por la tierra,

por los ríos,

por las montañas…

Sólo tú sabes dónde está mi Sur,

y con amor enciendes

las luces del Oeste.