CANCIÓN DE LUZ: Yo te vuelvo la cara

1

Yo te vuelvo la cara;

tú, me abres

tu corazón.

2

Hoy cuento una estrella

más en el cielo.

3

Está hecha mi casa

de música

y de silencio.

4

Cantan los pájaros

su canción de luz.

Blancas nubes

le prestan a la luna

sus mejores alas.

5

El niño,

sentado en la acera,

jugando, toda la mañana,

con una rama seca.

6

Las flores de primavera

me declaran su amor;

ellas me dan su perfume,

y yo les canto

mis nuevas canciones.

7

¡Tan púdica, la primavera

se cubrió de hojas verdes!

8

La profundidad

está en el cielo,

¿o en el fondo

de mis ojos?

DEL PAÍS DE LOS SUEÑOS: Suena a música

1

Suena a música el corazón mío;

tiene el luto

del cielo nocturno.

Más allá de mi alma vive el corazón mío,

que hacia mí extiende su brazos

desde el país de los sueños.

 

2

Teje la Naturaleza,

con sus múltiples brazos,

un manto de ilusión

que, a mi alrededor, esplendoroso,

se abre.

El engaño es tan bello,

tan extraño,

que, por fuerza, he de sonreír.

¡Y aunque mire hacia otro lado…,

soy incapaz de olvidarlo!

 

3

No te atormentes, corazón mío,

adentrándote en el reino

de la oscuridad.

¿Qué hay tras la belleza?

¿Qué esconde una sonrisa?

¿Por qué no puedes escuchar, sin preguntas,

la sencilla balada que entonan las estrellas,

y, así, ser feliz?

 

4

No te atormentes, corazón mío,

sumergiéndote en el reino

de las profundidades;

la música de la naturaleza

no tiene palabras.

Disfruta del vuelo de las garzas

bajo el infinito azul inabarcable;

no prestes atención a tus raíces,

¡ellas saben manejarse muy bien

solas, y arrastrarse por el fondo!

 

5

Yo deseaba, Vida mía, tu amor,

pero tú no me amabas.

¡Siempre unido a ti!;

pero tú, Vida mía, no me amabas.

Y aunque grito y grito, Vida mía,

a mí te aferras,

cada vez con más fuerza,

cuanto más lucho por ser libre.

 

6

La desesperación no puede

ser mi compañera;

ni quiero vivir eternamente

en una lóbrega caverna, llena de musgo,

regada con mis lágrimas.

Por eso he construido,

sí, he construido, un hermoso palacio,

sobre las ruinas de mi libertad.

 

7

Viejo, cansado,

no sé muy bien ya lo que hago,

ni por qué lo hago.

¡Se me ha olvidado

de tanto repetirlo!

 

8

Ya están las rosas en capullo.

¡Habrá tantas cuando llegue el verano…!

Palpita, en silencio, la mañana;

se cuelga, nueva, el alba

de las viejas enredaderas.

Parece, hoy, mi mañana primera.

Todo distinto y, sin embargo,

¡nada ha cambiado!

DEL PAÍS DE LOS SUEÑOS: Iba a decir alguna cosa

1

Iba a decir alguna cosa,

¡cuando la idea se me fue…!

¿Qué sería?, le pregunto

a la oscuridad de mi alcoba.

 

2

En la puesta de sol,

como perdidas,

navegan las nubes

de otoño.

 

3

Chispean las palabras,

amorosas luciérnagas,

en el bosque de mi corazón;

buscando su sentido aletean,

hasta encontrar pareja.

 

4

Pleno, se abre

el sol del mediodía;

lo demás, todo, cerrado.

¡Suspira el viejo

callejón sombrío!

 

5

Ya anochecido, el cielo

estaba en flor.

Una blanca mariposa

se acercó hasta mí,

y me dijo:

“¡Agárrate a mis alas…!”

Pero sus alas, de pronto,

palidecieron

y se volvieron sombras.

La luna incendiaba

el firmamento,

las estrellas se encendían

y se apagaban.

Caprichosamente,

me senté junto a un seto

y me puse a jugar

con las hojas.

 

6

Por mi cielo, al crepúsculo,

asoman veladas nubes;

tienen la forma de mis sueños.

A la luz de mi alma,

toman un tinte rosado;

¡es tan dulce en sus labios

mi amargura…!

¡Nubes de atardecer,

os siente suyas,

el corazón

de un hombre solitario!

 

7

“¡Eres mía!” -le digo

a la brisa de la tarde.

Y el viento aleja mi voz

entre la espesura.

 

8

¡Hay, en el fondo de mis ojos,

un mar de agua estancada

que se renueva cuando la luna

dirige hacia las turbias aguas

su nocturna mirada!

LUNA DE INVIERNO: Llevan los siglos

1

Llevan los siglos

siempre el mismo rumbo;

me aleja el viento

de los mismos sueños;

el hombre me habla, siempre,

con la misma voz.

Bate la arena

sobre los desdichados ciruelos;

hambrientos gorriones

revolotean por el páramo.

 

2

¡Se abren los brotes,

verdean las habas…!

Sobre las quietas hojas,

el temblor de la oruga.

 

3

Sobre las grandes hojas

verdes del bananero,

las aguas otoñales.

Fiero, silba el viento;

se inclinan los tallos.

4

Las aves picotean

los tiernos brotes.

Junto al lago,

en otoño,

tomo una taza

de té caliente.

¡Ya callaron las ranas…!

Rachas

de aire fresco.

5

Otoño,

desnudas ramas

clavadas en mi alma.

 

6

Sobre el tranquilo estanque

brillan las hojas del loto;

nada, paciente, la señora

tortuga, por el fondo.

 

7

Frescas hojas del caqui;

llovizna en las montañas.

Por más que me alejo,

por más que me alejo,

el viento me empuja

hacia la muerte.

 

8

Por la vieja ventana,

entra un aire gélido;

se lleva el otoño, ladrón,

todas las hojas.

Mirándolo a la cara, le digo:

“¡Déjame algunas

para encender un fuego…!”

Amontonadas,

las siento arder

mientras sueño.

LUNA DE INVIERNO: Pasa el agua

1

Pasa el agua, riendo,

junto a mi bullicioso amigo,

el viento.

Viene desde su casa,

allá, en el cielo,

siguiendo las tortuosas sendas

del invierno.

Se besan, el agua y el viento,

a la discreta luz

de la luna.

 

2

Bajo la blanca luna,

los campos duermen.

Huye el viento,

por el río,

llevando entre sus garras

el corazón sangrante

de la noche.

 

3

Salta una rana

atrapada en la red.

Confiados,

bajo las piedras del fondo,

dorados peces duermen.

En silencio, la luna

lo observa todo.

 

4

Trajo el extraño huésped

a su anfitrión,

un ramillete

de blancos crisantemos.

¡De pronto, entre la lluvia,

un hada asoma!

Por los caminos,

se pierden las palabras;

aúlla el viento.

Fría noche de noviembre;

ríen los espectros.

 

5

Desde las rojas flores del ciruelo,

descuidado, un insecto

cae en la rápida corriente y…

¡salta una trucha!

 

6

Mi corazón,

en el firmamento.

Mi voz,

contra el viento.

Tenue, mi vida

cae, como la flor

del cerezo.

 

7

Junto al lago, en la noche,

rumor de olas,

temblor de enebros.

 

8

Blancas camelias

crecen en la ensenada.

Cual verdes olas,

se ondulan los juncos.

Acaricia mis ojos

el alma del invierno.

EL TEMPLO DE LAS DOS LUNAS: La palabra

1

La palabra

es luz;

los pensamientos,

sombras.

 

2

¿Sois mis primos

los pájaros…?

Como vosotros,

también le canto yo

a la tierra.

 

3

Dulces arias entona,

enamorada, la mañana

de primavera.

Grita la tarde de estío,

enloquecida,

su silencio.

Llora el otoño su triste balada

de hojas envueltas

en el rumor de la lluvia.

Es invierno. En la noche,

se oye una oscura

nana blanca.

 

4

Rueda la luna, lenta,

sobre la oscura espalda

de los dormidos montes.

Sobre la piel del horizonte,

suaves besos de nácar.

 

5

Apagadas las velas;

ante la puerta de la ermita,

encendidas de amor,

vuelan, de noche,

las luciérnagas.

 

6

Sueña el ruiseñor

bellas baladas;

en el estanque,

se refleja la luna.

 

7

¡Solitario,

un blanco cisne surca

las oscuras aguas

del cielo!

 

8

Tras densas nubes

se ha escondido la luna.

¡Hay ya tan poca luz…!

Duermen mis versos.

EL TEMPLO DE LAS DOS LUNAS: Y las moscas

1

¡…Y las moscas

pegadas a septiembre,

lleno de uvas!

 

2

En la mañana

late, apacible,

el corazón del Buda.

 

3

Sobre todas las cosas,

incansables,

los gorriones saltan…

¡Ellos saben beber de la nieve

y del fresco rocío

de primavera!

 

4

Campo de rojas amapolas,

¡cómo se enciende mi corazón

con tu llama!

 

5

Escrutando el oriente

y el poniente

se alzan, doradas,

las cúpulas del templo.

Prestan las hojas del arce

su rubor a la vieja campana.

Pequeñas hojas,

vuelan las amarillas mariposas

entre la soledad de los montes.

 

6

Fugaz, pasó la lluvia;

entre las hojas, húmedas,

paseo junto al río.

¡Otoño, dulce otoño,

cuánto te hiciste esperar!

 

7

Hacia el Este

huyen las garzas.

Se enfurece el riachuelo

con la fuerza del viento.

Quietos, los pajarillos,

entre las hojas, tiemblan.

8

Tras el breve chubasco,

su inagotable cháchara

reanudan las cigarras.