CON CRISTALINA OPACIDAD


Con cristalina opacidad,
sobre el anillo de mis lunas,
ardiente y sensual, se derramó
la miel de tus palabras.
 
Un trago de húmeda feminidad
recorre mis brumosos bosques.
Se colapsan mis cielos,
bebo el amargo licor
de mi maltrecha orfandad…
 
Mi corazón
ha perdido toda esperanza.
La insaciable sed
de mis exhaustos labios
quiso saciarse en nuestra sangre,
tan generosamente derramada.

A LA ORILLA DE SUS OJOS


A la orilla de sus ojos
cobran vida los cuerpos.
Seductora sirena,
con espesos venenos quisiera
dar caza a inocentes criaturas
atrayéndolas hasta su vórtice
para adormecerlas luego
con sensuales impulsos.
En prolijas curvas su traición expande
propagando siempre las mismas mentiras, 
difundiendo cada día las mismas historias,
cortando los débiles hilos que mantienen unidas
su ligera piel con mis cansadas vértebras.
Nació en un cielo
de inasequible locura.
Sobre una esfera de cristal,
en carne viva,
agita sus delgados hilos
removiendo abismos,
desbrozando líneas,
renovando olvidos,
encendiendo nocturnales llamas
que tan sólo apagan sus infinitas delicias.

UNA EDAD


Una edad de enmarañados tonos, ​
de rosas fragantes,​
de espinosos​ desiertos,
de ojos sombríos.​..
 
Por el abismo,
olvidados pasos,​
ríos de hondos caudales…

Un veneno de cristales lentos,​
de tumba azul y dulce​,
de silenciosas aguas,
de vida turbia e infinita.​

TORMENTAS ME LLUEVEN


Tormentas me llueven de ansiedades volcánicas,
atrevidas sirenas me acarician y derraman
sobre mis labios exquisitos licores.
Me atraen las transparentes aguas,
los paraísos de sendas inciertas,
los gritos que encierran la verdadera esencia
y el arte que nunca muere.
De fabulosos reinos siento hervir la sangre;
bellas brujas para mí desnudan
sus cálidos vientres perfumados
con esencias de anís y albores de romero.
Ojos perdidos,
circo de flores de cristal,
sensuales voces que nacieron
de aromadas entrañas,
blandos lechos donde retozan
las más tiernas doncellas.
Intangibles presencias revolotean
a mi alrededor mordisqueando
mi amarga nostalgia,
moviendo sus alas al compás de la vida,
revelándome los más ocultos misterios.


 
 
 
 

TURBIO ESPEJO


Turbio espejo nubló mi pasado.
Al entreabrir mis párpados,
las olas de mi sangre recobraron su ardor,
sensuales sugestiones se enredaron en mis alas,
sublimes decepciones eclipsaron el aroma
de la agreste sirena
cuyo rumbo no supe seguir.
¿Qué fue de sus vibrantes ojos?
Por el retrovisor vislumbré el humo
y vi quebrarse las esquinas
donde le dije que la amaba.
A los besos del viento,
la hierba en mis cabellos
hizo un mar de espirales.
Mis sedientos labios,
huyendo del olvido,
al trepidante ritmo de las voraces horas
se abrieron paso entre sus tiernos rizos.
Mi corazón, transido,
tan sólo pudo llorarse a sí mismo.

LLEVAS LA LIBERTAD


Llevas la libertad
entre tus labios.
Salobres músicas
escapan de tus mares
que saben a fresca marea,
a torre mítica,
a océanos de palabras que se mecen
en exquisito vaivén.
Y es que a veces,
pareces ahogada
en tu propio abismo,
secuestrada en tu luna azul,
habitada por intrépidos amantes
y fantasmales barcos de raídas velas.
Tu corazón nunca descansa.
Tus manos, con reflejos de coral,
el tacto tienen de atrevidas sirenas
que anhelaran construir su brumoso hogar
entre los pliegues de mi alma.

IMPÍA DESVERGÜENZA


Impía desvergüenza roza mis manos.
Acariciándome, sin disimulos,
atraviesa mi entornada puerta
y me mira con cara de estúpida.
Con espíritu vano
y mirada equívoca,
me muestra un rostro amable
tras el que esconde su diabólico enfado.
¡Ay, esa terca suciedad que todo lo mancha,
con su aire de verbena,
con su torpe intelecto
que tan sólo me incita a bostezar!
Mis ojos, ingenuos,
se dejan sorprender
por la inicua soberbia de un mundo
en el que reinan la vanidad y el orgullo.
De mi espíritu se adueña una desconsolada sonrisa
cuando veo pasear, cogidos de la mano,
a tan ridícula pareja.

NAVÍO


Un navío es el mañana
avivado por el fuego
de inesperadas emociones.
En su casco resuenan los ecos
de la más oscura noche.
Tiene un suave balanceo,
de pan y leche,
de cama y bicicleta estática,
de preguntas de niños que
no entienden de odios,
de estrellas cuyas llamas no bastan
para acallar las lenguas del infierno.
Pausadamente, me alejo de esta frontera,
ya casi oculta por el polvo,
donde nadie logró poner
fin a esa violencia que vuela,
como un afilado cuchillo,
sobre la hambruna que nos mira
desde lo hondo de un negro precipicio.