
Ese arroyo que fluye hacia el pasado
y nunca se detiene hasta su muerte…
Ese pasado que es firme trampolín
y me permite saltar el lodazal, sí,
ese fangal de extinción,
ese desierto de pútridas arenas…
Este presente que me lleva hacia la ciénaga
y me acerca hacia un futuro movedizo
pleno de imaginarios charcos
y fantasmales peligros…
En las aguas del cambio me renuevo,
sus espumosas olas me dan vida,
una vida que intensamente fluye
por las oscuras lagunas
de un ultramundo soñado.