ESTRELLAS: Deseos

1

¡Deseos, deseos…!

Mirad al Buda, ahí, sentado,

¡qué bien sabe escuchar!

 

2

¡Cuándo estaremos

de acuerdo yo

y mi destino!

 

3

Abajo, el suave perfume

del jazmín;

arriba, indeciso, el titilar

de las estrellas.

 

4

¡Madura el amor,

y sangra,

y sangra…!

 

5

No hay meta ninguna

en el eterno círculo.

 

6

Naturaleza, y tú,

¿qué me quieres decir?

 

7

Quiero que me tengas

en lo poco que valgo.

¡No esperes nada

grande de mí!

Me aparto de la multitud

para no dejarme confundir

por ella… ¡Ése es mi arte!

¿Hago mal intentando

construir mi propio sendero?

 

8

Tú, que puedes más que nadie,

¡callas, callas…! 

Me entregas tus dones

como por descuido…

Y yo, aquí,

¡anhelando tus caricias…!

ESTELAS DE INFINITO: Qué dedos invisibles

1

¿Qué dedos invisibles,

como brisa suave,

me acarician?

2

El cielo y yo, en silencio.

La vida, como el mar,

¡venga a hablar,

venga a hablar…!

 

3

¿Y tú creías,

pobre corazón mío,

que la vida también te amaba?

 

4

¡Nunca llega el sol

a tiempo de besar

a la noche!

 

5

Iba a caer en el amor…,

¡cuando una mano

me sostuvo!

 

6

Por la ventana,

todo parece en calma…

¿De qué la angustia?

 

7

Mece las hojas la suave brisa,

o las agita el viento huracanado;

así, mis sentimientos.

 

8

¿Quién soy yo,

sino una sombra

entre las sombras?

 

ESTELAS DE INFINITO: El mundo

1

El mundo, como un niño travieso,

a unos obedece mientras les hace

diabluras a los otros.

2

Llora la tierra,

y, en seguida, ríe.

3

Enamorado de la rosa,

tan ardiente, el verano

la quemó con sus besos.

4

Se ocultó el sol;

el cielo

llora estrellas.

5

¡Qué fieles marchan, juntos,

el viento y la arena!

6

Donde se apaga el mundo,

se encienden mis sueños.

7

Yo a ti no te conozco,

vida mía. ¿Y tú a mí…?

8

En silencio,
trae la noche paz
hasta mi corazón.

AZAR: Blancas páginas

1

¡Blancas páginas,

en vosotras se esconden,

como niños traviesos,

mis poemas!

 

2

Tarde de invierno;

vuelan las hojas, intentando

colmar la nada.

 

3

Sueña el poeta,

enamorado

de sus propias palabras.

 

4

Insomnio; llueve…

¡Mis ojos,

mis ojos ahora,

qué inútiles!

 

5

Ante nosotros, hondo,

el abismo.

 

6

Ardiente, besó el sol

el rostro

de la estatua.

 

7

La tarde,

sobre el campo,

derrama su silencio.

 

8

Tiñe de blanco

la nieve mis cabellos.

Hoy es ayer

para el poeta.

AZAR: Enamorada del sol

1

Enamorada del sol,

canta su canción

de la tarde la tierra.

 

2

Vago por los caminos

buscando otro horizonte;

tras los montes lejanos,

solo, el crepúsculo.

 

3

¡Oscura noche,

dulce amiga!,

¿te has perfumado

para mí?

 

4

Crece el amor

como una hermosa flor, solitaria,

en el prado del tiempo.

 

5

Mi voz,

¿es de otro ser?

Sobre la mar cabalga

un oscuro jinete.

 

6

¡Ah, otoñales hojas,

también yo

tuve un árbol!

 

7

Se detuvo el tiempo;

en la quietud del bosque,

dormido, el infinito.

 

8

En la noche, callada,

escucho el mar…

Las estrellas

me dicen: “¡Ten coraje!”

CANCIÓN DE LUZ: Raya el día

1

Raya el día.

Parece el horizonte una cascada

de turbulentos sueños.

 

2

Quise caminar

por el jardín de los dioses;

esperaba que lirios, jazmines y azahares

cayeran en mis brazos a montones y,

cuando ya desesperaba,

sentí el perfume de una rosa

que, olvidada, crecía

en mi corazón.

 

3

La luna

rompió a hablar

a través de mis labios.

 

4

Nubes de oro.

Flor

de primavera.

5

Salgo a mi jardín,

y escucho a los nuevos capullos

que de amables futuros,

amorosos, me hablan.

 

6

¡Qué alegría en mi corazón,

cuando oigo la bella balada

que, dichosa, me canta 

la mañana de abril!

 

7

Amarillas hojas,

vosotras no sabéis cantar;

pero ¡qué bien voláis!

 

8

Pasa la vida,

y deja sus huellas

sobre mis palabras.

CANCIÓN DE LUZ: Yo te vuelvo la cara

1

Yo te vuelvo la cara;

tú, me abres

tu corazón.

2

Hoy cuento una estrella

más en el cielo.

3

Está hecha mi casa

de música

y de silencio.

4

Cantan los pájaros

su canción de luz.

Blancas nubes

le prestan a la luna

sus mejores alas.

5

El niño,

sentado en la acera,

jugando, toda la mañana,

con una rama seca.

6

Las flores de primavera

me declaran su amor;

ellas me dan su perfume,

y yo les canto

mis nuevas canciones.

7

¡Tan púdica, la primavera

se cubrió de hojas verdes!

8

La profundidad

está en el cielo,

¿o en el fondo

de mis ojos?

DEL PAÍS DE LOS SUEÑOS: Suena a música

1

Suena a música el corazón mío;

tiene el luto

del cielo nocturno.

Más allá de mi alma vive el corazón mío,

que hacia mí extiende su brazos

desde el país de los sueños.

 

2

Teje la Naturaleza,

con sus múltiples brazos,

un manto de ilusión

que, a mi alrededor, esplendoroso,

se abre.

El engaño es tan bello,

tan extraño,

que, por fuerza, he de sonreír.

¡Y aunque mire hacia otro lado…,

soy incapaz de olvidarlo!

 

3

No te atormentes, corazón mío,

adentrándote en el reino

de la oscuridad.

¿Qué hay tras la belleza?

¿Qué esconde una sonrisa?

¿Por qué no puedes escuchar, sin preguntas,

la sencilla balada que entonan las estrellas,

y, así, ser feliz?

 

4

No te atormentes, corazón mío,

sumergiéndote en el reino

de las profundidades;

la música de la naturaleza

no tiene palabras.

Disfruta del vuelo de las garzas

bajo el infinito azul inabarcable;

no prestes atención a tus raíces,

¡ellas saben manejarse muy bien

solas, y arrastrarse por el fondo!

 

5

Yo deseaba, Vida mía, tu amor,

pero tú no me amabas.

¡Siempre unido a ti!;

pero tú, Vida mía, no me amabas.

Y aunque grito y grito, Vida mía,

a mí te aferras,

cada vez con más fuerza,

cuanto más lucho por ser libre.

 

6

La desesperación no puede

ser mi compañera;

ni quiero vivir eternamente

en una lóbrega caverna, llena de musgo,

regada con mis lágrimas.

Por eso he construido,

sí, he construido, un hermoso palacio,

sobre las ruinas de mi libertad.

 

7

Viejo, cansado,

no sé muy bien ya lo que hago,

ni por qué lo hago.

¡Se me ha olvidado

de tanto repetirlo!

 

8

Ya están las rosas en capullo.

¡Habrá tantas cuando llegue el verano…!

Palpita, en silencio, la mañana;

se cuelga, nueva, el alba

de las viejas enredaderas.

Parece, hoy, mi mañana primera.

Todo distinto y, sin embargo,

¡nada ha cambiado!

DEL PAÍS DE LOS SUEÑOS: Iba a decir alguna cosa

1

Iba a decir alguna cosa,

¡cuando la idea se me fue…!

¿Qué sería?, le pregunto

a la oscuridad de mi alcoba.

 

2

En la puesta de sol,

como perdidas,

navegan las nubes

de otoño.

 

3

Chispean las palabras,

amorosas luciérnagas,

en el bosque de mi corazón;

buscando su sentido aletean,

hasta encontrar pareja.

 

4

Pleno, se abre

el sol del mediodía;

lo demás, todo, cerrado.

¡Suspira el viejo

callejón sombrío!

 

5

Ya anochecido, el cielo

estaba en flor.

Una blanca mariposa

se acercó hasta mí,

y me dijo:

«¡Agárrate a mis alas…!»

Pero sus alas, de pronto,

palidecieron

y se volvieron sombras.

La luna incendiaba

el firmamento,

las estrellas se encendían

y se apagaban.

Caprichosamente,

me senté junto a un seto

y me puse a jugar

con las hojas.

 

6

Por mi cielo, al crepúsculo,

asoman veladas nubes;

tienen la forma de mis sueños.

A la luz de mi alma,

toman un tinte rosado;

¡es tan dulce en sus labios

mi amargura…!

¡Nubes de atardecer,

os siente suyas,

el corazón

de un hombre solitario!

 

7

“¡Eres mía!” -le digo

a la brisa de la tarde.

Y el viento aleja mi voz

entre la espesura.

 

8

¡Hay, en el fondo de mis ojos,

un mar de agua estancada

que se renueva cuando la luna

dirige hacia las turbias aguas

su nocturna mirada!

LUNA DE INVIERNO: Llevan los siglos

1

Llevan los siglos

siempre el mismo rumbo;

me aleja el viento

de los mismos sueños;

el hombre me habla, siempre,

con la misma voz.

Bate la arena

sobre los desdichados ciruelos;

hambrientos gorriones

revolotean por el páramo.

 

2

¡Se abren los brotes,

verdean las habas…!

Sobre las quietas hojas,

el temblor de la oruga.

 

3

Sobre las grandes hojas

verdes del bananero,

las aguas otoñales.

Fiero, silba el viento;

se inclinan los tallos.

4

Las aves picotean

los tiernos brotes.

Junto al lago,

en otoño,

tomo una taza

de té caliente.

¡Ya callaron las ranas…!

Rachas

de aire fresco.

5

Otoño,

desnudas ramas

clavadas en mi alma.

 

6

Sobre el tranquilo estanque

brillan las hojas del loto;

nada, paciente, la señora

tortuga, por el fondo.

 

7

Frescas hojas del caqui;

llovizna en las montañas.

Por más que me alejo,

por más que me alejo,

el viento me empuja

hacia la muerte.

 

8

Por la vieja ventana,

entra un aire gélido;

se lleva el otoño, ladrón,

todas las hojas.

Mirándolo a la cara, le digo:

“¡Déjame algunas

para encender un fuego…!”

Amontonadas,

las siento arder

mientras sueño.