TATUAJE

Entre la luna y yo,

tu vientre se mecía.

Tus manos en mi piel

se interponían

mientras te desnudaba.

Cuando te fuiste a dormir,

en mí dejaste

el beso de tus huellas.

***

En el jardín,

por encima del loto, se enciende

el cuarto creciente.

Rojas libélulas

vuelan entre las hojas, escucho

cómo las rozan.

A mi torpe corazón,

sólo lo mueve el viento

en su locura.

***

Lluvia de anoche.

Llanto lunar abierto

sobre mi alma.

Flor de tristeza,

nubes en mi ventana,

la calle sola.

Nieve tras los cristales,

el aire perfumado…

¡Un nuevo día que empieza!

AL ALBA

En el frío arroyo,

entre blancos nenúfares,

lavo mi cara.

Veo las primeras nieves

a lo lejos, dejo que entren

en mi corazón.

Tras saludarla,

la mañana me trajo

un cesto de recuerdos.

***

En la tarde de otoño,

al maullar de los gatos,

se despertó una flor.

Noche y reposo,

lluvia y silencio siguen

las huellas de mis pasos.

¡Qué hermosura cantar, tan solo,

mientras acude el sueño!

***

A la luz

del plenilunio,

voy buscando mi nido.

No me doy prisa.

Pienso en la blanca cigüeña,

su vuelo purifica.

¡Qué gozo alzarse

sobre el cráter de la montaña!

La lava soy yo mismo.

PRESIENTO NUEVAS LUNAS

Presiento nuevas lunas,

enciendo la linterna

y veo brillar sus rayos.

A la luz del amor,

¡cómo cantan los días

entre festivas campanadas!

Cual perfumados lirios,

las horas, tan redondas,

resbalan por mi cara.

***

Lluvia de otoño,

el murmullo del viento,

las negras uvas.

Vaga en el río,

de sus aguas preñada,

una luz de esperanza.

En la arboleda

revolotean las hojas,

sin rumbo fijo.

***

Se fue el estío,

la rama del ciruelo

aguarda su crepúsculo.

Ya se alejan las aves,

la flecha de su vuelo

mis ojos siguen.

En el oscuro invierno,

ilusiones celestes

vagarán por los ríos.

EN LEVE INSTANTE

En leve instante,
se marchitan las tenues
flores de la campiña.

Humilde, el crisantemo
al sol le ofrece
las perlas de sus lágrimas.

Lluvia de anoche.
Tras el viento, obsesivos,
los latidos del mar.

***

Llegó el otoño.
Olas de rojos bosques
encienden la mañana.

El rumor de las hojas
y el frescor de la tierra
despiertan mi esperanza.

Mi corazón,
dormido ante el silencio
de los campos de arroz.

***

Nadie habló,
sino el rayo,
surgiendo de lo oscuro.

Lo acompañaba
el grito de la garza
entre los crisantemos.

Mi huésped
fue un relámpago.
La vida huye.

ESPANTAPÁJAROS

Espantapájaros,
luna vestida
de antojadizas brumas.

Dulce rocío,
siempre dices lo mismo,
y me consuelas.

Anoche descubrí,
en este sucio mundo,
nuevas barbaridades.

***

Lejos un trino.
Entre pinos y rocas,
canta la lluvia.

Iridiscente seda,
se reflejan las flores
en las aguas del lago.

De un rumoroso eco
-el ruiseñor lo sabe-,
brotó el poema.

***

Surcando el aire,
sabia parece
la vieja araña.

Brisa ligera.
Mis ojos no alcanzan
la cruz de la montaña.

Miro hacia todas partes,
y apenas veo temblar
la menor impureza.