MIS BRAZOS


Mis brazos
apenas pueden levantar
el pesado escudo,
mientras cruzo los viejos
senderos con pies nuevos.
 
Mis manos
a duras penas pueden sostener
la acerada lanza con más fuerza
que la de cualquier otro villano,
con más honor
que la de cualquier otro príncipe.
 
Con mis cansados brazos,
con mis rugosas manos,
sembré un rosal en la tierra
cuyo aroma llevó el viento
hasta una lejana colina.
Ingenua, al calor de arreboladas nubes,
nació una flor de ligero perfume.
Con profundo anhelo,
en lo alto de la cima,
cultivé aquella rosa
que dejó en mis manos
profundas espinas…
 
¡Que no se acostumbre nadie
a andar los mismos caminos,
ni a sentir el mismo tacto,
ni a vivir el mismo cielo,
ni a hilar el mismo argumento!
¡Ejerced, sin farsa, vuestro noble oficio,
como lo hace la pluma del poeta
o la pala del sepulturero!
 
Sobre marmórea losa
canta mi triste nombre
sus viejos recuerdos.
Aquella vida,
por la que agitadamente marché,
le dijo a los pueblos su eterna canción,
dejó por las sendas sus cansadas huellas.
 
¡Pero los muertos no rezan,
ni los aromas del huerto
pueden llorar al jardinero!
Bajo la piel de mi alma
duerme un canto de justicia,
palpita el corazón de los pueblos,
fluye el humor de agrestes campos,
late un eterno sufrimiento, ¡oh, infinito nocturno!:
el despiadado sufrimiento
que nubla las entrañas
de los humanos tormentos.

PASAN VIAJEROS PÁJAROS


Pasan viajeros pájaros,
haciendo madurar el ensueño
de un mañana donde sanar mi infancia,
hace ya tanto tiempo adormecida,
de la terrible herida que le infligió una espada
cuyo filo me pareció imposible.
 
Alientan mis caminos voces desconocidas,
de mis venas brotan irisados recuerdos,
mi salario es el verso
que con sumo deleite me acaricia,
su acompasada lluvia humedece mis prados.
 
Adoro el soliloquio de los antiguos coros,
amo a los sabios dueños de sus conocimientos,
me enamora la insaciable plática
-bajo el frescor del viejo limonero-
que, inocente, derrama el talentoso grillo.
 
Desdeño a los hombres de lengua vacía,
venero a los jóvenes que defienden su estética.
¡Apenas distingo cuánto dura un año, cuánto un día,
y afronto la vida sin ninguna cosmética…!
 
Dejar quisiera mi voz sobre la tierra
y que mis manos modelaran
la historia con honesto oficio,
sin hacer caso de la mudanza de las almas
ni de esa banal filantropía que sus ecos recita
olvidando el aroma que desprenden
las azoradas rosas de Cupido.
 
Respeto al forjador que, leal, me acompaña;
con libertad, por mi mansión serpea
su generosa sangre.
Al caer la noche al frío lecho acudo,
bajo sus sombras busco refugio,
mis sentidos se abren a inesperadas luces.
 
El silencio es mi almohada,
me alimentan las alas de la ausencia en que yazco y,
tras cantar mi última romanza,
retorno a ese estanque de ligeros nenúfares
al que entregan sus besos los romances lunares.

PASAJERO SOY


Pasajero soy de una divina estrella
en la que, con alivio,
vaciar pude mi veneno interior,
mi espanto ante la vida,
la pesadilla de esa inevitable tortura
de ir a tientas,
en el espacio de una consciencia interminable,
para llorar ante lo desconocido
y sumergirme en el cieno brutal
de ese dormir sobre el horror
del que jamás nadie despierta.

ESTA CRUEL SENSACIÓN


¡Esta cruel sensación, esta pena tan mía,
esta vana pesadez, este vacuo pesar,
este incurable sufrimiento de mí mismo,
con sus presuntuosos nuncas,
con su infundado resistirse
a la caricia de un abrazo!
Opresoras sombras me afligen
cansado ya de tanto vacío.
Luego, el sordo desengaño
de esos falsos dioses, ¡oh, fatalidad!,
que me hacen sentirme más solo.

SE MUEVEN MIS HORAS


Se mueven mis horas hacia el sol,
huelo el aroma de los nuevos frutos.
Fina lluvia, derramando sus nimbos,
hace que mis ramas vibren, que
duerma la tierra, que
despunte mi mirada.
 
Despierta la nueva cosecha
bajo una resplandeciente luz,
el día se nos abre,
amor bosteza sus mimos
despertando la sed de los hombres.
Brillan los ojos de una legendaria princesa
con aromas de verdor,
con los susurros de un viejo romance.
Antes de esos brillos todo estaba a oscuras;
antes del intento, el mundo era opaco.
 
Ese frío del pasado,
ese calor del futuro
ilumina la mirada del ahora
despejando los nuevos caminos.
Mi presente se confunde con aquel alba
en el que los dolores del parto
hicieron germinar la cosecha.
Ríe la noche estirando sus brazos,
el día grita su clamor.

NO ES, TAN SOLA, ESA LUZ


No es, tan sola, esa luz
la que brilla entre las velas,
sino la soberbia
que segó la semilla del amor
y la duda,
tejedora de vanas esperanzas,
que hizo rodar las esferas.
 
El destino se acerca reptando,
como avieso gusano.
Sus sedas envuelven los humanos desvelos
y el regio trono de los dioses,
esos dioses que llegaron
para saciarse con las cepas
de los mejores vinos…
 
¡Ay, esos pequeños racimos
que de las vides cuelgan,
siendo hijos del sol, fragmentos
de vida desprendidos del sol,
al reflejar la luz,
merecen todo mi aprecio
como el mejor de los regalos!
 
Hijas de la luz, retoños de los dioses,
las negras uvas, fundidas con lo divino,
derraman sus blancas gotas
de rocío sobre la paz del ara
dando cobijo a nuestros sueños.
 
Todos somos hijos
del dios de la inventiva,
de la imaginaria pulcritud
e inagotable ambición
de un desmayado anhelo…
Los dioses ya están ebrios,
y apenas pueden enderezar el timón
en su obsesivo vagar por los celestes mares.