ENAMORADA

Enamorada de la flor

del ciruelo,

mi verso es una rosa

que crece en soledad.

Cuando abre sus pétalos,

su perfume llega

hasta mi sediento corazón.

Esquivas, recelosas,

sus raíces se hunden

en indómitas aguas.

***

El cantar

de los mirlos

adorna mis mañanas.

Sobre el cráter de la montaña

aún se ve el plenilunio,

¿a dónde se dirige?

Se borra poco a poco,

apenas tiene prisa.

***

Pausada, vuela;

sobre la tierna rama,

ya veo sus luces blancas.

Centellea la alborada

de un nuevo día

en este inhóspito desierto.

Abren sus alas,

detrás de mi ventana,

el vencejo y la aurora.

GOLPE DE VIENTO

¡Tan lejos de los otros…!

Sopla un golpe de viento,

el mar se agita.

Por un momento, llueve.

Luego, se abren las azucenas,

el cielo aclara…

Y una brisa muy fresca

llega hasta mí,

no sé muy bien desde dónde.

***

Las olas vienen

y rompen, fresca

brisa nocturna.

Te siento,

loca luna llena,

alegrando mis orillas.

Hoy he soñado

tu ardiente espuma,

oigo tu extraño canto.

***

Como la espuma

de bravas olas,

mi corazón asaltan

vanas preocupaciones.

Entre las apariencias del mundo,

mi mente, perdida, anda. ¿Dónde

está el mal? ¿Y dónde el bien?

En mi viaje,

todas las estaciones

llevan al mismo sitio.

SOPOR

Me quedé dormido;

una voz me llama,

cantan las cigarras.

Tendido sobre la hierba,

apenas puedo protegerme

del sol del mediodía.

Vuelan los pétalos huyendo

de los besos ardientes

del viento.

***

El cielo

y la tierra

cierran sus ojos.

La luna

incendia

los bosques.

Tiernas, las hojas

cubren mis pasos.

Aromas de melancolía.

***

Por un puente

de nostálgicas estrellas

cruzaron sin saber hacia dónde.

Soñando reencontrarse,

anhelaban zafarse de la herida

abierta por los años.

Sólo una vez en la vida,

cruza la barca que nos lleva

a los confines de otra alma.

EXTRAÑO CAMINANTE

Extraño caminante soy que

se atreve a cruzar la maleza

adentrándose en las sombras de la noche.

¡Qué bellas florecillas,

cómo pueden llegar a emocionarme,

solitarias, en los campos de la primavera!

Las miro

y las disfruto…,

aun sin saber su nombre.

***

La lluvia de anoche

guardé en mi corazón,

¡qué frescura!

Absorto, cautivado

por su hermosura, ronronea

el gato junto a la flor.

Al llegar la primavera,

me llegan recuerdos de

hace no sé cuántos años.

***

Por el bosque de bambú,

solo, en la noche,

pasea el poeta.

Amable, susurrante,

la luz de su alma

juega con el viento.

Se imagina tendido en su lecho…

¡acariciando un libro!

PULSO DE OTOÑO

La brisa de la tarde

me canta su canción.

Los cabellos del viento

me muestran su pureza.

Un pulso que no cesa,

caricias del otoño.

***

Una flor de ciruelo,

en sus negros cabellos,

renace cada año.

Al llegar la primavera,

se embriaga mi pecho

con la flor de sus labios.

***

Noche de invierno.

Se empapan de fría lluvia

los bordes de mis sábanas.

Los años encanecen

mis cabellos,

blancos lotos adornan

la amplitud del horizonte.

A través de los cristales,

fiel amigo, me llega

el murmullo del viento.

SAGRADO CANTO

Posado en la rama,

abre el cuco

la flor de su canto.

Por el bosque se expanden

aromas de incienso.

Con agreste fervor,

mis oídos se rinden

a sus puros sermones.

***

Enjuago mi cara

en el bucle del tiempo.

Al viento mis cabellos,

dulce fragilidad.

Con miedo a equivocarme,

por el camino avanzo.

Mi corazón se alegra,

veo las primeras nieves.

***

Volando de muy lejos,

llegan a mis orillas.

Breves notas,

cromáticas escalas,

dan sentido a mis días.

Ecos del agua,

risas del horizonte,

atardecer divino.

DESDE LA HÚMEDA ALFOMBRA

Desde la húmeda alfombra

del otoño,

entre dispersas nubes,

veo vaporosos ánades

alejándose en el cielo.

Subo a mi pequeña barca;

como los gansos salvajes,

incansable, viajo.

Níveas flores de loto,

en su eterno descanso,

derramando poesía,

surcan el vientre de las aguas.

***

La soledad de la luna

despedía nuestro amor.

Sus lágrimas,

cristalinas, fluían

y fluían queriendo impedir

el marchitar de nuestras canciones.

Una profunda tristeza

inundaba el entorno.

Se mustiaban las flores

en los Jardines del Oeste.

***

Mi corazón,

huyendo del invierno,

boga y boga.

¡Pobre barquichuela

que nadie ve, iluminada

por la luz del relámpago,

cuántas veces pasa,

buscando sin saber,

para perderse entre los juncos!